Un precioso roguelite vegano
Cuanto amor llegó a mi vida cuando me puse a analizar Grimoire Groves. Y es que esta preciosa obra llama la atención por la sensibilidad con la buena gente de Stardust ha planteado el juego. Y es que no es habitual ver un estudio mezclar géneros con tanto cuidado, y desde el primer momento se nota que hay una intención clara detrás de cada decisión y cada situación.
Y es que desde que me puse a disfrutarlo, lo primero que me saltó a los ojos, a parte de lo bonito que es, es esa concepción de que no hay nada que conquistar ni destruir, solo hay que reconstruir. Un experiencia preciosa que nos lleva a un bosque que no se siente como un desafío, sino como un particular lugar que te pide calma, atención,y mucho tiempo.

¿De que va todo esto?
Entrando ya en este universo, deciros que nos ponemos en la piel de una joven bruja con una misión poco habitual, restaurar un bosque mágico que ha conocido tiempos mejores. Para eso, exploramos mazmorras generadas de forma aleatoria, recolectamos recursos y los usamos para cultivar nuevas criaturas vegetales.

Esto nos lleva a ver como el combate tradicional no existe aquí, sino que estamos en un lugar, donde usamos la magia para alimentar a los enemigos hasta convertirlos en aliados. Y todo ello entre incursión e incursión, donde se gestiona un pequeño refugio en el que mejorar habilidades y construir relaciones con los personajes que nos rodean.

Los detalles más y menos interesantes
Entrando en detalles, lo primero que quiero destacar es su particular personalidad, porque Grimoire Groves consigue algo que no es nada fácil, proponerte un roguelite sin violencia real. Y es que el simple hecho de alimentar a las plantas en lugar de derrotarlas cambia por completo la sensación de juego. En ningún momento te sientes agresivo, más bien tenemos el sentimiento de un buen jardinero mágico metido en medio del caos, cosa que resulta tremendamente refrescante y divertido.

Por otro lado, deciros que el apartado artístico también me ha enamorado. Y es que todo fluye entre colores suaves, criaturas adorables, y animaciones llenas de vida… Siendo muy fácil dejarnos llevar por la atmósfera que ha construido Stardust. Sin duda su ambientación, su belleza, y su estilo desenfadado ayuda a crear una magnifica sensación acogedora que nos invita a quedarnos más tiempo del que tenías pensado.
La progresión, cuando empieza a abrirse, funciona muy bien. Desbloquear nuevos hechizos, descubrir sinergias entre elementos, y sentir que cada incursión tiene más propósito, es lo que nos termina de enganchando. Y es que pasar de no saber muy bien qué hacer a planificar cada salida al bosque con cabeza tiene mucho encanto.

Ahora bien, no todo florece desde el principio, y hay que ser honesto con eso. El ritmo inicial puede hacerse demasiado lento. Y como no, cómo buen roguelite que es, el repetir las mismas acciones, enfrentarte a poca variedad de enemigos y sentir que el progreso avanza a cuentagotas puede cansar a ciertos jugadores que no estén familiarizados con estos conceptos. Y es que Grimoire Groves es una propuesta que pide paciencia, quizá demasiada para algunos perfiles de jugador, como ya os digo.

La gestión de recursos también me ha gustado, aunque generado alguna que otra fricción. Y es que aunque el sistema tiene su lógica y es interesante sobre el papel, hay puntos como el no poder almacenarlos libremente y ver cómo se transforman de forma automática, que pueden hacernos sentir que perdamos el control sobre tu propia estrategia.

Por último, deciros que los personajes son realmente simpáticos y están bien planteados, cosa que me ha llevado a que me hubiese encantado profundizar más en ellos, y por desgracia no he encontrado eso. Sin duda una pena, ya que nos quedamos a medio camino, en un juego con un potencial sin explotar que deja con ganas de más.

Por cierto, recordad que los amigos de Tesura Games han puesto a la venta una edición física para todos aquellos amantes del coleccionismo.

Conclusiones
En definitiva, Grimoire Groves es un juego de los que necesita tiempo para ganarse tu cariño jugable, que no visual que lo hace desde el primer segundo. Siendo de esos que prefiere crecer poco a poco, como las propias plantas que cultivas. Y cuando finalmente se abre del todo y entra en tu mente, lo que ofrece es una experiencia distinta, relajante y con mucha personalidad.
Uno de esos juego que le recomiendo a quienes disfruten de propuestas tranquilas con mecánicas originales y no tengan prisa por llegar a ningún lado. Si le das el margen que pide, este pequeño bosque mágico puede terminar convirtiéndose en uno de esos rincones a los que siempre apetece volver.





