Hablar de Team Meat es hablar de uno de esos estudios que definieron la explosión indie de finales de los 2000. Y es que con Super Meat Boy no solo se consolidaron como referentes del plataformas de precisión o muerte, sino que demostraron que lo simple pero bien ejecutado, podía convertirse en un fenómeno cultural, y conseguir aportarnos un poco más de ansiedad a nuestras vidas.

Ahora, junto a Sluggerfly, dan el salto más arriesgado de su historia, trasladar esa esencia quirúrgica al terreno tridimensional. Cosa que ya marca un punto de inflexión en el juego, y es que nada más empezar, no podemos evitar sentirnos como si alguien hubiese cogido aquel infierno de sierras y sangre, y lo hubiese lanzado directamente hacia nosotros desde otra dimensión, y que tras mucho sufrimiento vengo a contaros como le ha sentado.

Y es que como ya os imagináis, este nuevo Super Meat Boy 3D es un plataformas en el que controlamos a nuestro pequeño cubo de carne que vuelve a estar decidido a rescatar a su pareja de un grotesco villano. Todo ello a lo largo y ancho de niveles tridimensionales, donde avanzamos esquivando trampas, saltando entre paredes y reaccionando con precisión milimétrica.

Análisis de Super Meat Boy 3D

Un juego que mantiene la misma estructura, es decir sigue siendo un juego muy directo y sin adornos, donde nos toca llegar a la meta. Donde la clave está en combinar movimiento, reflejos y memoria para superar obstáculos cada vez más exigentes, muriendo muchas veces por el camino, y hacernos sentir con ganas de intentarlo una vez más.

Uno de los puntos que más me han llamado la atención, es lo bien que se ha trasladado el control clásico a las tres dimensiones. Y es que desde el primer salto se reconoce el equilibrio entre inercia y precisión que hizo grande al original. Así que será una gozada el deslizarnos por paredes, encadenar saltos, y ajustar cada movimiento en el aire para que se convierta en algo casi instintivo, que parece que no se ha olvidado desde la última vez.

Análisis de Super Meat Boy 3D

Aquí tengo que destacar el dash aéreo, y es que este añade una capa nueva muy interesante. Gracias a él podemos improvisar rutas, recortar tiempos, o salvar errores en el último segundo, y es en esos momentos cuando el juego brilla con más fuerza, ya que es cuando nos descubrimos encontrando atajos imposibles o sobreviviendo por puro reflejo, sin haber planeado nada… y eso aporta una satisfacción enorme.

Análisis de Super Meat Boy 3D

Por otro lado, el diseño de niveles también deja momentos muy buenos. Y es que me encanta como en ciertos tramos te sientes dentro de un circuito perfectamente medido, donde cada obstáculo parece colocado con mala intención pero también con una lógica impecable. Por lo que morir y reintentarlo en segundos nos hace mantener el ritmo, y nos evita que la frustración se acumule hasta el punto de romper el mando contra la pantalla.

Análisis de Super Meat Boy 3D

Sin embargo, hay puntos que no encaja con la misma precisión. El mayor problema aparece cuando el diseño se vuelve excesivamente recargado. Y es que al acumularse demasiados elementos; sierras, enemigos, trampas móviles, en espacios tridimensionales, la lectura del escenario se complica de manera notable. Por lo que en más de una ocasión nos encontramos muriendo no por un fallo propio, sino por no haber podido interpretar correctamente lo que estaba ocurriendo en pantalla… y eso cabrea.

Análisis de Super Meat Boy 3D

En otro punto está la cámara fija que, aunque funcional en muchos niveles, en otros se convierte en un obstáculo más. Y es que al no poder ajustarla, debemos adaptarnos a ángulos que dificultan calcular distancias y direcciones, enfrentándonos más a la perspectiva que al desafío en sí, y termina por mostrar como el salto al 3D no le queda todo lo bien que se esperaba.

Análisis de Super Meat Boy 3D

En definitiva, Super Meat Boy 3D es un experimento valiente que, en sus mejores momentos, logra capturar la esencia de lo que hizo grande al original. Y es que cuando todo fluye, te sientes completamente absorbidos por esa danza de saltos, muertes y superación constante que tan bien conocemos. Pero también es un juego que deja ver lo complicado que resulta trasladar bien un juego al espacio tridimensional sin perder algo por el camino.

Aun así, merece la pena si os gustan los desafíos exigentes, de aprender a base de ensayo y error, y y se de eso que no se rinden ante el fracaso repetido. No es perfecto, pero sí lo suficientemente sólido como para ofrecernos esa sensación única de dominar lo que parecía imposible. Así que si los plataformas duros son lo vuestro, y no os asusta equivocaros y morir cien veces para acertar una, aquí hay carne que cortar…

Código digital proporcionado por Headup

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