Esta vez nos topamos con Ginger: Beyond the crystal, un juego desarrollado por Drakhar Studio, un estudio independiente de Madrid y publicado por BadLand Games. Se trata de un título de aventuras y plataformas en tercera persona, en el que iremos avanzando por los niveles a medida que vamos salvando a los aldeanos y reconstruyendo pueblos que han sido consumidos por la oscuridad.

ANÁLISIS

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VERSIÓN DISPONIBLE

XBOX ONE – PS4 – PC

VERSIÓN ANALIZADA

PC

DESARROLLADOR

DRAKHAR STUDIO

DISTRIBUIDOR

BADLAND GAMES

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VALORACIÓN

6

NUESTRA FORMA DE VALORAR LOS JUEGOS

La historia del juego se nos presenta de una forma muy bella y que en un primer momento nos deja una sensación muy positiva, con una historia narrada mediante un doblaje muy conseguido y un apartado sonoro y visual muy interesante, que nos hace transportarnos a nuestra niñez y sentirnos como si nos estuvieran contando un cuento. El juego nos propone la historia de Ginger, una joven promesa que nació para salvar al mundo de una oscuridad provocada por la aparición de unos misteriosos cristales carmesí, que destruyeron el cristal de la diosa que protegía los reinos.

Cuando comenzamos el juego, nos ofrecen la opción de hacer el tutorial o no, cosa que es de agradecer por si empiezas otra partida y ya sabes de sobra los controles. Se trata de un tutorial muy corto e intuitivo que nos enseña a mover la cámara, saltar, y a luchar. Aquí nos damos cuenta de que la jugabilidad y las respuestas del personaje son muy fluidas, algo necesario en un buen juego. El combate es muy simple, consta de un ataque normal, un ataque rápido y un ataque en salto, aunque sinceramente tampoco necesitamos nada más elaborado teniendo en cuenta lo que nos ofrece el juego. Al terminar el tutorial, comenzaremos el juego propiamente dicho, y aquí es donde se empieza a torcer un poco la cosa tras un comienzo fantástico. Para poder hablar adecuadamente de él, lo separaré en tres partes: pueblos, niveles de historia, y niveles bonus.

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Los pueblos, que es donde pasaremos aproximadamente el 50% del tiempo de juego, tienen la función de nexo o lugar desde donde se accede a los niveles a través de portales. Para ir abriendo los portales e ir avanzando de nivel, tendremos que rescatar a los aldeanos a base de entregar los cristales azules que encontraremos en dichos niveles. Hasta aquí bien, pero donde todo esto se torna terriblemente aburrido y repetitivo, es en la construcción de edificios dentro del pueblo y las misiones que nos encargan los aldeanos. Literalmente, hay 3 tipos de misiones, una en la que tendremos que recolectar objetos, otra de realizar una carrera en la que tendremos que ir siguiendo un rastro de luces antes de que se agote el tiempo, y una de eliminar enemigos. Y absolutamente ninguna de ellas supone ningún tipo de reto, sino todo lo contrario, se reducen al nivel de bobada. Ahora imaginaros esto, pero en los alrededor de 100 aldeanos con los que hablaremos a lo largo del juego. La sensación que nos transmite es que han querido meter relleno por añadir horas de juego, pero con el menor trabajo e implicación posible. Estas misiones nos darán como recompensa materiales para poder edificar las construcciones que han sido destruidas. En cada parcela, podremos construir 3 o 4 tipos predefinidos de edificios, y la única diferencia entre ellos es estética, y el porcentaje de reconstrucción del pueblo. Cuando llegamos al 70% ya tendremos desbloqueados todos los portales, de modo que no tendremos ningún aliciente por llegar al 100%, ya que ni siquiera nos dan una recompensa por ello. Por todo esto, el concepto del pueblo como nexo de portales me parece totalmente correcto, pero todo lo demás está mal planteado, trabajado y ejecutado.

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Los niveles de historia tienen una gran variedad, cosa que es de agradecer y más con la estética tan agradable que tiene el juego. Estos niveles nos cambian la cámara para pasar de una tercera persona con cámara libre a una cámara fija tipo pasillos, como hace muchos años lo hizo Crash Bandicoot. A pesar de ser un juego que nos venden como plataformas, en algunos de estos niveles no nos encontraremos ni una sola plataforma, algo que se echa francamente de menos, ya que es precisamente el  apartado del juego que se debería explotar. Además, en su mayoría son cortos, algunos ni siquiera llegan a los 10 minutos. Destacar como positivo que en los niveles iremos rescatando a compañeros que nos regalarán diferentes trajes. Estos trajes nos sirven para enfrentarnos a diferentes obstáculos que sin ellos no podríamos atravesar. Por ejemplo, con el traje de músico, podremos crear puentes de la nada, realizando un minijuego musical. Además nos darán un cambio de “look” muy adorable. A pesar de ser sencillos y de no incluir muchas plataformas, estos niveles son entretenidos en su mayoría.

Los niveles bonus es por lo que podrían justificar que estamos ante un título de plataformas. Al terminar cada nivel de historia, aparecerá un cristal carmesí en el que podremos entrar, y  nos encontraremos ante 2 ó 3 minutos de plataformas desenfrenadas, es un no parar de saltar en el que tendremos que purificar los cristales carmesí que se encuentran desperdigados por las plataformas. Probablemente sea la mejor parte del juego, es una auténtica lástima que sean tan cortos y pasemos tan poca porción del juego en ellos.

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En el apartado gráfico y estético, es un juego visualmente muy agradable, muy colorido y simpático. En ciertos momentos puede pecar de excesivamente infantil, pero por lo general podríamos decir que es el apartado más fuerte del juego. Nos ofrece varias posibilidades gráficamente, desde varias opciones predeterminadas hasta la customización de texturas, sombreado, antialiasing y sincronización vertical. Esto hace que vaya perfectamente fluido a 60 fps, y sin ningún crasheo ni freeze. Eso sí, si queremos que funcione con todos los gráficos al máximo, deberemos tener una buena máquina, ya que los requisitos recomendados son bastante altos. Podemos cambiar el idioma de español a francés, inglés, alemán, italiano, y ruso.

NUESTRA OPINIÓN FINAL

En conclusión, Ginger: Beyond the crystal es como esa película que te fascina en el tráiler, pero cuando la ves te das cuenta de que no era todo lo buena que parecía. La escasez de plataformas para ser un juego de este género, y el pésimo esfuerzo en el diseño de las misiones y la construcción en los pueblos, en los que pasaremos gran parte del tiempo, hace que Ginger sea un juego más dentro de un género muy amplio.
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