Toca meterse en el vagón del arcade puro
Undercoders es uno de esos estudio pequeño que cada vez que sacan su creatividad a la luz nos sorprende con alguna pequeña joyita. Pero como ya me veía venir durante todos estos meses con Denshattack! han conseguido algo que muchos equipos con diez veces más recursos, pero sin esa maravillosa creatividad, no logran; capturar el espíritu exacto de una era dorada de las recreativas y trasladarlo al presente de una forma genial.
Un juego que arrancar con mucha fuerza y sin dar un respiro, y que pronto nos trae esa sensación de como cuando nos encontrarnos enchufando una Dreamcast que escupe lo mejor del anime de los noventa directamente a la pantalla. Y es que tras un primer nivel tarda exactamente veinte segundos, este nos deja claro de qué va esto. Y a continuación os lo voy a contar.

Controlamos a Emi, una repartidora de ramen que recorre un Japón distópico sobre su tren personal, en un país donde las ciudades sobreviven bajo cúpulas gestionadas por la megacorporación Miraidō y las carreteras convencionales son historia antigua.
Y es que lo que empieza como una entrega de fideos, acaba convirtiéndonos en una Denshattacker; es decir, alguien que compite, hace trucos y grindea a velocidades absurdas sobre vías medio destruidas, desafiando a bandas rivales y enfrentándose a una corporación con demasiado poder y muy pocas escrúpulos.

Una experiencia que mezcla plataformas de acción, juego de puntuación estilo Tony Hawk y carreras de alta velocidad, todo filtrado por la estética y la energía de un shōnen de lo más épico.
Lo mejor del juego vive en su sistema de movimiento. Las vías no son autopistas; son rompecabezas en movimiento que exigen leer el escenario, elegir líneas en milésimas de segundo y encadenar trucos para llenar el medidor que desbloquea el Yaoyorozudo, una ruta alternativa en el cielo que aparece como premio a jugar bien, no a jugar rápido.
Los jefes, por su parte, son el tipo de locura que uno agradece mucho. Y es que mechas transformables, gusanos mecánicos, una máquina de béisbol de proporciones épicas. Cada uno tiene su propia lógica de combate y su propio momento de espectáculo, y saber que el siguiente será más disparatado que el anterior mantiene el ritmo de descubrimiento activo durante toda la campaña.
Ta,bien hay que subrayar la banda sonora. Y es que esta merece mención aparte, ya que los compositores como Tee Lopes, Shoji Meguro y Takenobu Mitsuyoshi, han terminado dandonos un álbum de funk acelerado que convierte cada nivel en una actuación en directo, donde ninguna pista sobra.
A todo esto se le suma una dirección artística que sabe leer lo que el juego necesita; colorida, legible incluso cuando la pantalla explota de actividad, con cinemáticas animadas que refuerzan el tono sin resultar exageradas.



Algunos niveles avanzados acumulan mecánicas hasta el punto de saturarnos, y en más de una ocasión nos encontraremos pulsando el botón equivocado no por torpeza sino porque el juego pide demasiado a la vez sin darnos tiempo de asimilarlo.
Por otro lado, hay ciertas fases, donde la puntuación tienen umbrales que se sienten calibrados para castigarnos más que para recompensarnos.





Denshattack! dura unas nueve horas, de puro amor y desenfreno por el arcade más puro, si seguimos la historia sin obsesionarnos con coleccionables, y eso podría parecer poco.
Y es que no puedo cerrar este análisis sin deciros que es el tipo de juego que uno termina y vuelve a arrancar sin que nadie lo pida, porque la experiencia de movernos bien por sus niveles tiene una satisfacción física difícil de explicar con palabras.
Una genial experiencia, muy bien dirigida a quienes disfrutaron de los grandes clásicos arcade de SEGA, y llevan años esperando algo con esa misma energía. Así que sin duda, y no solo para ellos, esto no es una recomendación, sino más bien una obligación de ser disfrutado si os gusta la pura esencia de los videojuegos.





