Gambir Studio, es uno de esos pequeños estudios algo desconocidos dentro del terreno indie, que ha ido creciendo poco a poco, apostando por propuestas con mucha identidad. Y es justamente bajo ese paraguas es como regresa para demostrar que lo pequeño puede sentirse grande cuando hay intención detrás… momento justo donde aparece KuloNiku: Bowl Up!.

Una divertida, bonita, y curiosa propuesta, que nos lleva a abrirnos paso entre fogones vacíos y recuerdos, para terminar por hacernos sentir parte de una vida que arrancamos de cero, entre nuevos amigos, momentos del pasado, humor, y mucho mucho trabajo.

Y es que KuloNiku: Bowl Up! es un simulador de gestión y cocina con fuerte componente narrativo. Este nos pone al mando de un restaurante heredado en un pequeño pueblo. Así que cocinar platos, atender clientes, y mejorar el local mientras reconstruyes su reputación, van a ser el pan de cada día.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

Un juego de corte rutinario, donde se alterna el día a día del negocio con eventos especiales, como competiciones culinarias contra otros chefs. Viendo como todo se desarrolla en un entorno colorido, con mecánicas que combinan preparación de recetas, toma de decisiones y minijuegos muy divertidos.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

Entrando en detalles más particulares. Lo primero que consigue el juego es hacerte sentir dentro de la cocina. Y es que aquí no se trata sólo de seleccionar ingredientes, aquí tenemos que; picar, hervir, sazonar y montar platos como si estuvieras siguiendo una coreografía culinaria. Una interacción directa que convierte cada pedido en algo tangible, casi físico, que logra mantenernos atento incluso cuando la rutina empieza a repetirse.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

Aquí entra el particular sistema de pedidos personalizados. En este momento nos encontramos con clientes que piden combinaciones absurdas, como platos salados sin sal. Que nos obligan a pensar más allá de la receta base. Es ahí donde el juego brilla mucho, ya que nos permite improvisar, experimentar y, en ocasiones, equivocarnos. Una curiosa y pequeña capa de puzle gastronómico, que eleva lo que podría haber sido una simple gestión a algo más estimulante.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

Otro punto a destacar son las competiciones, las llamadas contiendas albondigueras. Estas aportan variedad al juego, y es que en lugar de repetir la misma dinámica diaria, nos enfrentaremos a rivales bajo reglas cambiantes introduce estrategia cómo; elegir ingredientes, adaptarnos a los jueces, o medir tiempos. Funciona bien, y aporta un respiro dentro del bucle principal, pero también propone un reto que te exige estar atento.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

En lo artístico, el juego entra fácil. Colores vivos, personajes exagerados y platos que casi puedes oler a través de la pantalla. Todo contribuye a esa sensación acogedora que te invita a quedarte un rato más, como quien no quiere irse de un restaurante donde se está a gusto.

Ahora bien, no todo mantiene el mismo nivel. El sistema de desbloqueo de recetas resulta demasiado plano. En lugar de descubrirte nuevas mecánicas o retos, muchas veces se limita a pulsar botones sin mayor implicación. Rompiendo esto un poco la ilusión de progreso, especialmente comparado con lo bien que funciona el resto. Aquí entra también el punto de mejorar el restaurante, el cual no siempre se siente tan significativo como debería, lo que puede restar motivación a largo plazo.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

También hay momentos donde la claridad de las comandas falla. Y es que algunos pedidos pueden resultar confusos, con restricciones poco intuitivas, que nos obligan al ensayo y error más que a la lógica. No es un problema constante, pero sí suficiente para sacarte del flujo en situaciones concretas.

Análisis de KuloNiku: Bowl Up!

En definitiva, KuloNiku: Bowl Up! es de esos juegos que nos ponen a trabajar con mucho amor y cariño, intentando tocar la fibra sensible del pasado y los familiares que ya no están… Y lo consigue. Y es que cuando te metes en su ritmo, cuando te permites equivocarte, o mejorar y conectar con su pequeño mundo, termina construyendo una experiencia muy divertida, personal, y con mucha alma, que es difícil de no apreciar, y que incluso me parece algo raro en el género.

Así que si os gustan los juegos relajados con un toque de desafío, si os mola experimentar con sistemas, y os interesa perderos en bucles jugables bien diseñados, aquí hay algo que merece vuestro tiempo. Y aunque se que no va a cambiaros la vida, sí puede conseguir robaros unas cuantas horas… y dejaros con una sabrosa sonrisa culinaria.

Código digital proporcionado por Press Engine

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