Una ciudad de fantasía sobre ruedas
Con este análisis, hoy me meto de lleno en un proyecto que ha nacido de las manos de la gente de WizDream, un estudio que parece haber entendido perfectamente que el género de construcción tiene aún mucho detalles donde profundizar.
Aquí es donde entra, este curioso constructor de ciudades, gestor de recursos, y administrador de vidas medievales fantásticas, que lleva como nombre Steel Artery: Train City Builder. Una experiencia que no es solo otro simulador más; es una propuesta que intenta responder a la pregunta de ¿qué pasaría si mezclamos la claustrofobia de vivir en un tren que no para con la profundidad sistémica de un simulador de colonias?… pues os toca seguir leyendo.

¿De que va todo esto?
Entremos en contexto. Me he encontrado que no estamos ante el típico constructor de ciudades donde el terreno es infinito. Y es que en Steel Artery, nuestro lienzo es una línea recta de metal que surca un mundo post-apocalíptico. Una premisa que nos sitúa como los arquitectos de una ciudad móvil que debe expandirse vagón a vagón para devolver la gloria al imperio de Steelpolis.

Todo ello mostrado bajo una estética pixel art steampunk, que no solo es bonita, sino que está cargada de detalles que nos llevan desde el humo que escupen las calderas hasta los pequeños ciudadanos que corretean por los pasillos metálicos.

Los detalles más y menos interesantes
Sin duda, lo que diferencia a este título de otros es que nosotros no mandamos sobre las personas, sino sobre el entorno. Aquí no seleccionamos a un aldeano y lo ponemos a picar piedra. En este caso el juego apuesta por un sistema de control indirecto donde cada habitante; ya sea humano, orco o elfo; tiene su propia agenda, necesidades y, lo más importante, su propio bolsillo.

Aquí entramos nosotros, y les construimos las forjas, las tabernas y los dormitorios, pero son ellos quienes deciden si vale la pena trabajar para pagar el alquiler de una cama. Es una economía de libre mercado encerrada en un tren, cosa que me ha parecido realmente divertida y accesible, si buscas una experiencia para entrar a este tipo de juego de gestión.

Otro de los detalles que más tengo que destacar es la gestión espacial. Y es que construir en vertical y horizontal, nos obliga a jugar una especie de Tetris logístico constante. Aquí nos encontramos como cada vagón tiene un peso y un consumo, y si nos pasamos de frenada añadiendo módulos de lujo, el tren simplemente no avanzará. Esa tensión entre la ambición y la física del motor es lo que nos mantiene pegados a la pantalla.

Sin embargo, no todo me ha terminado de entrar. Y es que detalles como; una una IA algo caprichosa. Donde a veces, ves a tus trabajadores quedarse quietos frente a una máquina mientras la ciudad se desmorona por falta de suministros te pone de los nervios. También me hubiera gustado que el juego hubiera sido más claro explicando ciertos conceptos.

Por último, me ha parecido, que pese a un apartado sonoro y visual bastante cuidado dentro de su pequeño universo pixelado con toques cyberpunk y su bien trabajada ambientación tengo que subrayar para mal, ciertos problemas con el rendimiento técnico en partidas avanzadas, y es que este baja demasiado a medida que avanzamos en ellas, cosa que me imagino que será por cantidad de seres moviéndose en pantalla realizando cada uno sus funciones.

Conclusiones
En conclusión, Steel Artery es una joya en bruto. Una de esas experiencias frescas, que se aleja de los clones de los creadores y gestores de ciudades habituales, para darnos algo con mucha más personalidad y, ante todo, mala leche. Destacando ese curioso lastre de la adaptación y la eficiencia extrema en un espacio mínimo.
Así que si os gusta optimizar cadenas de producción y no os importa lidiar con una interfaz que a veces requiere paciencia, este tren es para vosotros. Eso sí, id con cuidado, ya que una vez que empiezas a planificar el siguiente vagón, es muy difícil bajarse en la próxima estación.





