El ritmo de la guerra
Team17 lleva años demostrando un muy buen ojo y un mejor olfato para detectar proyectos independientes con mucha personalidad, y está claro que este Wardrum encaja perfectamente en esa filosofía. Y es que el juego debut del estudio Mopeful Games no intenta copiar las fórmulas de moda, sino que se interesa por buscar nuevos caminos donde mezclar estrategia táctica, roguelite y ritmos tribales en un mismo caldero… y lo curioso es que les ha funcionado.
Una experiencia que sigue con ritmo y mucha fuerza el golpe seco de un tambor, mientras un grupo de guerreros avanza hacia una lluvia de flechas que provoca sensaciones extrañas, casi hipnóticas, como si un ritual de guerra hubiese tomado forma de videojuego de una forma muy cruda y demencial.
| FECHA LANZAMIENTO |
| 7 MAYO 2026 |
| DESARROLLADORA |
| Mopeful |
| DISTRIBUIDORA |
| Team17 |
| PLATAFORMAS |
| PC |
| VESIÓN ANALIZADA |
| PC |
| VALORACIÓN |
| 8’5 |

¿De que va todo esto?
Entrando ya en Wardrum, deciros que nos encontramos ante un roguelite táctico por turnos, donde lideramos una banda tribal en un mundo consumido por una magia corrupta. Una experiencia donde cada combate se desarrolla sobre una cuadrículas estratégicas, en la que ejecutar diferentes ataques requiere mantener el ritmo marcado por un tambor ceremonial.

Todo ello bajo un universo en el que a medida que avanzamos por biomas generados aleatoriamente, mejoramos guerreros, desbloqueamos habilidades y sobrevivimos a enemigos cada vez más brutales. Y donde la clave no está solo en pensar bien cada movimiento, sino en sincronizarnos con el compás para potenciarlo.

Los detalles más y menos interesantes
Sin lugar a duda, lo más interesante de Wardrum es cómo consigue convertir el ritmo en parte real de la estrategia. Y es que aquí no basta con seleccionar un ataque y mirar números. En este tendremos que ejecutar secuencias de botones, bajo cierta presión, que termina por transformar cada golpe en algo físico, casi musical. Eso sí, cuando todo encaja; el arquero cubriendo un pasillo, el guerrero empujando enemigos hacía trampas, y el tambor marcando el pulso perfecto—; el combate fluye como una danza salvaje alrededor de una hoguera. Sinceramente me cuesta recordar la última vez que un roguelite me aportó esa sensación.

También funciona muy bien la variedad táctica. Y es que en este, nos vamos a descubrir más de una vez aprovechando el escenario para lanzar enemigos por precipicios o atraer criaturas hacia zonas explosivas, cosa que aporta una sensación constante de improvisación de lo más inteligente.
Tampoco quiero dejar de destacar las bases de personalización de la banda, la cual ofrece además bastante profundidad, que nos lleva a implementar amuletos, a activar habilidades, e incluso a crear cadenas rítmicas hechas a medida. Todo resulta fácil y accesible para terminar construyendo configuraciones absurdamente poderosas que nos hacen sentir invencibles.

Visualmente tampoco pasa desapercibido. Y es que sumergirnos en sus escenarios oscuros, llenos de tótems, eclipses y pantanos rojizos, transmite una identidad y un cariz muy marcado. Dónde el uso de percusión constante en la banda sonora funciona como un corazón latiendo bajo cada enfrentamiento, y reforzando con ello esa atmósfera tribal y agresiva que lo define visualmente pero también desde la parte ambiental.

Pero no todo es perfecto, y Wardrum también tiene ciertos problemas. El primero es, el exceso de sistemas. Y es que entre estados alterados, modificadores climáticos, trampas, habilidades pasivas, y patrones rítmicos complejos, cuesta mucho asimilar tanta información y tan de sopetón. Por lo que al inicio puede resultar agotador. Y aunque es de agradecer, parece a veces el juego está empeñado en demostrar cuántas ideas caben en pantalla al mismo tiempo, y esa ambición juega en su contra.

Por último, la dificultad tampoco siempre está equilibrada. Algunos personajes son extremadamente frágiles, o ciertos enemigos pueden destrozar una partida en segundos sin que sintamos que hemos cometido un error tan fuertemente castigable. Que termina haciendo del juego algo más injusto de la cuenta.



Conclusiones
En conclusión, deciros que Wardrum no es un roguelite cómodo ni amable, pero tampoco pretende serlo. Es una experiencia donde sobrevivir se realiza casi por puro instinto. Donde improvisar tácticas mientras el tambor acelera. Y en la que salir airosos de situaciones que parecían perdidas genera momentos muy intensos y motivadores que pocos juegos del género consiguen replicar tan bien.
Eso sí, nos exige paciencia y cierta tolerancia a los contratiempos. Siendo una genial experiencia para quienes disfrutan experimentando con sistemas complejos y combates exigentes, ya que es algo realmente distinto y original. Sin duda, un curioso beligerante compás que golpea con la fuerza de un tambor de guerra en mitad de una tormenta de lo más especial





