La gente de KritzelKratz 3000 ha sido la encargada de rescatar un clásico de los juegos de naves, traerle en forma de remake a los tiempos que corren. Y es que pese al paso de los años, se está viendo cómo franquicias cómo R-Type sobreviven como una reliquia venerada por los fans del shoot ‘em up más duro y complejo. Así que cuando me enteré de que el estudio alemán se había atrevido a meterle mano a uno de los episodios más salvajes de la saga, me quedé, hasta hoy, con muchísimas ganas de ver qué podría hacer con él.

Por desgracia, la respuesta llega nada más arrancarlo. Y tras las bienvenida del primer enemigo que aparece en pantalla, la experiencia deja a un lado la calidez, los tutoriales amables, y solo nos aporta tensión, metal biomecánico y la sospecha constante de que vamos a morir mucho.

Cómo es de esperar, se nos presenta un clásico de la ciencia ficción ochentera donde pilotamos la R-90 Ragnarok contra el Imperio Bydo, una amenaza biomecánica que devora todo cuanto toca. Todo ello bajo la estructura de un matamarcianos horizontal clásico. Donde avanzar por fases repletas de balas, trampas, enemigos y jefes gigantescos mientras recogemos mejoras para adaptar nuestro armamento, son un duro trabajo. Ya que para salir con vida, las claves están en aprender, memorizar y reaccionar, ya que toda la pantalla funciona como un puzle bastante desquiciante, donde descubrir el camino correcto importa tanto como disparar.

Análisis de R-Type Dimensions III

Lo primero que quiero destacar es que R-Type Dimensions III, es que comprende perfectamente la brutal personalidad del original. Y es que con su ritmo no busca abrumarnos con miles de proyectiles, sino acorralarnos, y darnos caza. Y es que hay momentos, donde hay que decidir entre avanzar lentamente o sacrificar la nave para memorizar la siguiente trampa. Haciendo que cada superación y muerte, nos lleve a convertirla en una victoria, física y mental.

Análisis de R-Type Dimensions III

Aquí entra el sistema Force sigue siendo una maravilla estratégica a nivel espacial. Donde usarlo como escudo, lanzarlo contra enemigos, o recolocarlo en mitad del caos tiene una elegancia y un estilo que ya quisieran para sí muchos shooters modernos.

Análisis de R-Type Dimensions III

Respecto al nuevo diseño visual también tiene mucha personalidad y me parece un aciertos. Y es que hay algunos escenarios parecen maquetas mecánicas iluminadas por neones, y ciertos jefes ocupan la pantalla como si alguien hubiese mezclado una película de Alien con maquinaria industrial oxidada. Mención especial se lleva el poder alternar entre gráficos clásicos y modernos pulsando un botón, lo cual resulta mucho más útil de lo que parece, especialmente cuando el nuevo acabado 3D ensucia demasiado la lectura visual.

Análisis de R-Type Dimensions III

Eso sí, hay cosas que no me han gustado para nada, y justamente en el punto anterior están varios de los problemas, ya que los fondos y algunos efectos lumínicos dificultan distinguir los disparos enemigos o las paredes más mortales. Y en un juego donde un roce significa perderlo todo, eso pesa bastante. También persiste esa filosofía demasiado aferrada al ensayo y error. Incluso con el excelente modo Infinite, hay situaciones diseñadas para sorprenderte a traición más que para ponerte a prueba con justicia.

En definitiva, y tras haber sufrido la experiencia. Deciros que terminar R-Type Dimensions III provoca una satisfacción difícil de explicar. Es como salir vivo de una trituradora industrial usando únicamente una nave de chatarra y nuestra más pura obstinación. Está claro que no estamos ante un juego amable ni pretende serlo. Yendo claramente dirigido a quienes disfrutan aprendiendo patrones, repitiendo intentos y celebrando cada pequeño avance como una conquista personal.

Así que si buscáis acción relajada, mejor mirad hacia otro lado. Pero si os va el masoquismo, y queréis enfrentaros a uno de los shoot ‘em up más feroces jamás creados, esta versión merece el sufrimiento, pese a que tengáis que tener paciencia con ese mal diseño artístico que enturbia hasta a la propia jugabilidad.,

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