Capcom no necesita demasiadas presentaciones dentro de la industria del videojuego, y es que la veterana compañía japonesa lleva décadas marcando el ritmo de la industria con sagas como Resident Evil o Devil May Cry, alternando grandes producciones con apuestas más arriesgadas como la que me traigo hoy entre manos con este artículo. Y es que con Pragmata, el estudio decide salirse de su zona de confort y explorar una nueva propiedad intelectual, apostando por una mezcla de acción, ciencia ficción y narrativa emocional, que intentan calar con fuerza en nuestra mente, e incluso en nuestro corazoncito.

Una de esas curiosas experiencias, que actualmente cuesta trabajo ver. Dónde un cúmulo de sensaciones de todo tipo, nos llevan a flotar en el silencio de una base lunar abandonada, en la que escuchar el eco metálico de nuestros propios pasos, y no poder evitar la sospecha constante de que algo, o alguien, nos observa desde la oscuridad. Terminan por poner sobre la mesa una de las mejores nuevas experiencias que la compañía nos ha planteado en años.

En Pragmata nos ponemos en la piel de Hugh, un astronauta que sobrevive a una misión fallida en una instalación lunar. Allí conoce a Diana, una androide con apariencia infantil, con la que deberá colaborar para escapar de una base controlada por una inteligencia artificial hostil.

Análisis de Pragmata

Todo ello nos mete en una aventura de acción en tercera persona, donde combinamos disparos, exploración,y resolución de pequeños puzles, de forma muy bien integrada con una intensa narrativa y una ambientación que quita el hipo. Pero sin duda, la clave del juego está en controlar a ambos personajes a la vez. Ya que mientras Hugh combate, Diana hackea a los enemigos para debilitarlos.

Así que iros preparando para una aventura que se desarrolla magistralmente en una ambientación de ciencia ficción relativamente cercana, con tecnología avanzada pero reconocible, en un entorno cerrado, opresivo, y lleno de matices.

Análisis de Pragmata

Si tengo que destacar algo principalmente dentro de Pragmata, esto es su núcleo jugable. Y es que enfrentarnos a los enemigos no consiste solo en disparar, sino en dividir tu atención constantemente. Por lo que, mientras esquivamos ataques, resolveremos pequeños circuitos de hackeo en tiempo real, que terminan por generar una dualidad que aporta tensión, y que nos acerca a momentos tan intensos como cuando uno intenta resolver un puzle mientras alguien te persigue por un pasillo.

Análisis de Pragmata

Y es que cuando el sistema encaja, es brillante. Llevándonos a alternar entre armas, hackeos y posicionamiento en combates que se sienten vivos e improvisados. Encontrado momentos donde todo fluye, entre disparos, hackeos en el último segundo, y ver cómo un robot aparentemente invulnerable se abre como una lata… una auténtica gozada.

A todo esto le tengo que sumar, un sistema de personalización bastante sorprendente. Y es que desde equiparnos con distintas armas, pasando por plantar habilidades de hackeo, hasta implementar modificadores, nos permite experimentar con nuestro propio estilo y nuestra capacidad de planificación.

Análisis de Pragmata

Eso sí, si hay un corazón en Pragmata, ese es su dúo protagonista. Diana no es un simple recurso mecánico. La relación que construimos con ella está genialmente llevada y evoluciona con naturalidad, apoyándose en pequeños momentos, bien guionizadas conversaciones, y cantidad detalles del entorno que transmiten, dan contexto, y logran emocionarnos.

Ahora bien, no todo mantiene ese nivel. A medida que avanzamos, el combate empieza a perder frescura. Aunque la base es sólida, la variedad de situaciones no crece al mismo ritmo, y terminamos repitiendo dinámicas similares que diluyen el impacto inicial.

Análisis de Pragmata

Por otro lado, el ritmo narrativo también tropieza en algunos tramos. Hay momentos donde la historia se detiene en tareas secundarias poco inspiradas, rompiendo la tensión acumulada justo cuando más necesitas que se sostenga. No es un problema constante, pero sí lo suficientemente presente como para anotarlo.

Y aunque el diseño de niveles, e incluso a nivel artístico, cumple con creces, rara vez sorprende. Y es que explorar los escenarios resulta interesante por el contexto, pero no tanto por lo que propone jugablemente. Habiendo faltado ese punto de riesgo o creatividad que eleve la experiencia más allá de lo funcional.

En conclusión, tras haber disfrutado de Pragmata, os tengo que decir que este te deja una sensación bastante clara, el haber disfrutado de una maravillosa experiencia que se atreve a hacer las cosas de forma diferente dentro del género, y a traer experiencia tan personales a los días que corren, y eso ya tiene mérito por sí solo.

Disfrutar del viaje es fácil gracias a su sistema de combate híbrido y a la relación entre Hugh y Diana, que sostiene buena parte de la experiencia incluso cuando algo flaquea. Pero en general, es un juego realmente sólido y original, como para adorarlo y mantenernos enganchados hasta el final.

Una exquisita propuesta que mezcla acción con mecánicas poco convencionales, y una buena historia con una potente carga emocional, que nos deja con ganas de ver qué puede venir después de este maravilloso Pragmata

Código digital proporcionado por Plaion

NUESTRA FORMA DE VALORAR LOS JUEGOS

Facebooktwitter