Análisis: Divinity II – The dragon Knight Saga

Tardar más de un año en hacer una secuela de un juego comienza a convertirse en algo realmente difícil de ver, como ya os hemos comentado desde la web. Perio no debemos de tomarnos este juego como un nuevo título o un nuevo juego, sino más bien como un añadido que intenta pulir lo que no se llegó a perfeccionar en Ego Draconis.

Nos encotramos pues ante una mejora del juego Divinity II y, a la vez, una continuación que nos deparará experiencias realmente interesantes. Píxeles, con vosotros, Divinity II: The Dragon Knight Saga

Puliendo los fallos

Podemos elegir jugar al juego original Ego Draconis o ir directamente a la expansión, Flames of Vengeance. En el primero empezaremos con un personaje de nivel  1 y en el otro con uno de nivel 35. En ambos casos comenzaremos con un creador de personajes  que no ha sido mejorado. No esperes poder modificar el número de pelos que tu personaje tiene en las cejas porque apenas podremos elegir algún que otro rostro y poco más (el sexo sí). No es que sea algo indispensable, pero al menos elegir entre algo más, se hubiese agradecido.

De todas formas, si elegimos el primer juego para comenzar, tomaremos el papel de un futuro matadragones que descubre que es en realidad un dragón, nada más y nada menos, por lo que tendremos que dejar de lado un poco nuestro antiguo oficio, más que nada por supervivencia.

Su expansión es continuación directa del primer juego, así que mejor no revelaremos nada para evitar decir algo de la trama que revele el final de la primera parte.

Pequeñas grandes historias

La trama principal del juego se desarrollará entorno a lo que os hemos contado antes, sin embargo hay una gran cantidad de pequeñas historias y misiones secundarias que tendremos la oportunidad de hacer. Aunque se asemejaría más con la realidad la frase “tendremos que hacer”. Y todo ello debido a que el mundo está dividido en zonas con un nivel determinado y será así por siempre jamás, es decir, si nos metemos en una zona en la que los enemigos nos barren de un plumazo, será mejor no entrar ahí hasta que no lleguemos al nivel necesario.

Así pues, ¿es adecuada la curva de nivel de dificultad de Divinity II? Dependiendo de qué juego hablemos. Ego Draconis es realmente más difícil y complicado que Flames of Vengeance, lo cual no convierte al segundo en un juego fácil, pero algo sí más asequible.

De todas formas, a veces será un poco tedioso eso de subir niveles, sobre todo porque, enemigo derrotado, enemigo que no aparece (recordándonos un poco al Dragon Age y juegos similares). De esta forma, las misiones secundarias se convierten en secundarias por su contenido, no por su obligatoriedad.

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Lo que hace más divertido y entretenido el hecho de realizar estas ramificaciones de la trama es la forma de llevarlas. Divinity II cuenta con una grandísima cantidad de opciones a la hora de interactuar con los personajes y las misiones, además de darle siempre unos toques de humor que harán las delicias del jugador. A mí, realmente, algunos diálogos me engancharon.

Y lo más interesante, aunque por partes. La lectura de mentes. Seremos capaces de leerle las mentes a los PnJ (personajes no jugadores) pudiendo ver cuándo nos mienten, nos ocultan cosas o tienen detalles sobre las tramas que sean más o menos importantes. Pero no la podremos usar indiscriminadamente, ya que aquí los chicos de Larian han tocado el punto débil de un jugador de rol: la experiencia.

Sí. La lectura de mentes cuesta experiencia y no puntos de magia o similares. Así que la usaremos cuando estemos seguros de querer utilizarla (que cuesta mucho conseguirla leñes). Pero dependiendo de lo que leamos, cómo lo leamos, cómo reaccionemos y otros pequeños detalles, tendremos un desenlace de misión u otro, incluso la aparición de nuevas misiones o giros argumentales de 180grados que nos meterán de lleno en algo más complicado de lo que parecía en un principio. No te fíes nunca de lo simple que pueda parecer una misión.

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Eso sí. Si hay que destacar un punto negativo en Ego Draconis, y es la repetición de la mecánica de muchas de las misiones. No es que sea algo extremo, pero sí un poco cansino. Muchas veces agradeceremos un pequeño punto de humor o variación en la historia para que no se nos vuelva muy repetitivo.

Por suerte, Flames of Vengeance es más dinámico en este sentido, lo cual se agradece. Eso de que nos echen cuenta cuando hablamos, mola.

Habilidades en Combate

Y, evidentemente, en un juego de acción de rol, de lo más importante es el estilo de combate y las habilidades que aprenderemos para ir aumentando nuestras posibilidades de éxito.

Subiremos de nivel, como es natural, y podremos distribuir los puntos entre nuestras características, además de aumentar y desbloquear nuevas habilidades en nuestro panel. Y algo bastante interesante pero a la vez peligroso, es la libertad que nos ofrecen para crear nuestro personaje.

Dispondremos de distintas ramas de habilidades que podremos combinar como queramos, sin ningún tipo de restricción más que de nivel de experiencia. Es decir, no tendremos que desbloquear habilidades previas para conseguir una futura, ni centrarnos en una rama en concreto si no queremos.  Podremos conseguir hechizos de ataque, invocación, defensa o habilidades de combate indiferentemente.

Cada habilidad se puede mejorar bien con experiencia bien con entrenamiento pero no esperes poder alcanzar el máximo en todas, sino que necesitarás planificarlo bien todo para tener una combinación letal. Esto es lo bueno y lo malo del sistema. Gran libertad para crear a nuestro personaje, pero a la vez, un camino demasiado grande para perdernos en él. Algunos dirán que ahí radica la gracia del asunto, otros, que es demasiado lioso y preferirían un sistema algo más lineal. EN mi opinión, está muy bien conseguido.

Vuela

Los dragones son seres que a todo el mundo le gustaría criar de chiquititos para poder montarlos de mayor. O al menos siempre he pensado eso. Me vengo a referir a que un dragón siempre llama la atención y estos chicos han conseguido hacerlo de una forma espectacular.

En ambos juegos podremos convertirnos en dragones y surcar los cielos, cambiando totalmente al dinámica del juego y haciendo algo más sencillos nuestros combates más complicados.

Da gusto ver el mundo con esa perspectiva y sentirse tan diferente a cuando estamos con los pies en el suelo. Eso sí, en su expansión no disfrutaremos tanto de esta experiencia, aunque no se elimina.

Gráficos Mejorados

Si ya de por sí el Ego Draconis original era espectacular, la mejora en The Dragon Knight Saga lo hace aún más. No toca elementos fundamentales pero sí se nota en determinadas texturas y animaciones, como en la iluminación y el color.

Sin embargo, sigue pecando de lo que vimos ya en el original. Algunas animaciones demasiado forzadas, desfases entre golpe y reacción y falta de realismo en algunos golpes. La cosa es simple. A mi me vienen con un espadón del 15 y me pegan un golpe y yo no digo “agh” y me muevo medio paso para atrás. Básicamente, la reacción esperada es algo más exagerada que un simple traspié.

De esta forma se agradece la mejora, pero se sigue echando de menos esa sensación de realismo y poder que debería de mostrarse en un combate de esas características (dentro de los límites realistas, claro está).

[flagallery gid=151 name=»Antes y Después»]

Conclusión

En definitiva, un muy buen juego, lleno de humor y habilidades interesantes que nos permiten profundizar en la historia principal o secundaria, dándonos varios resultados posibles dependiendo de nuestras reacciones, un sistema de combate muy bueno, dinámico y complejo y un mundo que, aunque algo lineal y con poca interactuación, es digno de ver y de disfrutar.

Así que ya sabeis píxeles, volad, luchad, combatid, leed mentes y disfrutad de un juego que tiene de casi todo para ser llamado un buen juego.

Pros

-Mucho sentido del humor
-Buena calidad gráfica
-Volar con forma de dragón

Contras

-Dificultad elevada y tediosa a veces
-Animaciones simples y poco realistas

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